“Todo se puede en la vida. Mire, yo ya sé escribir mi nombre”

Con esa frase fuimos conociendo poco a poco a Alba Lucía Correa Vasco. Ella hace parte del 5% (o más) de la población analfabeta de nuestro país; esos más de 2 millones de colombianos que no saben leer ni escribir. Pero este año la mujer de 55 años le metió la ficha a sus sueños y en cuestión de meses aprendió a expresar ideas con tinta sobre un papel, a sumar, a restar y, lo que más la emociona, a escribir su propio nombre. ¡Al fin Alba tiene una firma que la identifica!

Hasta hace pocos días conformó 1 de los 4 grupos de alfabetización que lidera la Fundación Bien Humano. El de ella fue desarrollado en la Cooperativa Recimed y contó con el apoyo de la Fundación Sofía Pérez de Soto. En él un total de 23 estudiantes, 18 mujeres y 5 hombres (todos adultos y, en su mayoría, recicladores de dicha cooperativa), pusieron a prueba sus capacidades y sus ganas de avanzar.

Parte del grupo de estudiantes, el día de su certificación.

Alba fue invitada al grupo por su esposo, Luis Fernando Bustamante Gómez, quien a sus 73 años sintió el fuerte impulso de validar su bachillerato. Si bien es cierto que él estudió hasta quinto de primaria (hace muchísimos años), está seguro de que este proceso que emprendió al lado de su compañera será el inicio de su sueño: “Estoy muy agradecido con el programa de alfabetización (‘Leer y escribir la realidad para ser libres’ se llama), porque con él he rescatado aprendizajes olvidados, como por ejemplo las matemáticas. También recordé lo mucho que me gustaban la gramática y la ortografía. Pero quiero más, este podría ser un paso de varios que daremos, estoy muy motivado”.

Después de recibir clases cada semana con la profesora Marta Gómez ambos llegaban a su casa, en el barrio Caicedo, a repasar la lección. Don Luis le compró a doña Alba una cartilla de ‘Nacho lee’ para apoyarla y hasta hoy la siguen utilizando, tal vez porque eso es lo que más le ha faltado a la señora: soltarse para leer, “pero qué más que todo en lo que he ido avanzando en tan poco tiempo. Es que en serio todo se puede en la vida”, repite sonriendo ella.

Alba y Luis Fernando agradecen haber sido parte de este proceso de aprendizaje.

Doña Alba es ama de casa, mientras que don Luis Fernando siempre ha sido un duro en el estuco y la pintura. Sin embargo, como ese oficio él lo ejerce solo por medio de conocidos que lo recomiendan y como además no logró pensionarse y a su edad ya no le dan trabajo, se ha dedicado a las ventas ambulantes. Eso sí, ninguno ha abandonado la opción de seguir estudiando, lo que pasa es que mientras vuelven las clases hay que seguir produciendo.

Por eso al señor se le ocurrió la idea de empezar a reunir en casa los residuos sólidos que ya identifica como reciclables (lo aprendió, entre muchas otras cosas, con la profe Marta) para llevarlos hasta Recimed y así poder ganar algo que le aporte al hogar: “A mí no me da para reciclar haciendo largos recorridos en la calle, pero puedo ir acumulando botellas, latas, empaques y otros, y llevarlos de a poquitos a la cooperativa”. La misma a la que conoció gracias a un conocido que lo invitó y a la que asumió como aula de clase sin faltar cada semana... ¡Para esta pareja y sus 21 compañeros van nuestras felicitaciones, no sin antes reconocer el trabajo y esfuerzo de quienes hicieron posible su logro!

Junto a su grupo completo, al lado derecho de la foto, la docente Marta Gómez.

 

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