Fundación Bien Humano

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Ceferina, una mujer que nunca para de soñar

Ceferina Murillo Mena nació en Riosucio, Chocó hace 60 años, con un espíritu luchador y lleno de gran optimismo, nunca pensó que aquellas labores que realizaba en su infancia con su mamá, en su casa, serían las mismas que años más tarde y durante toda su vida le permitirían alcanzar muchos de sus sueños.

Empezó a trabajar desde que tenía 12 años en un negocio de fritangas que le marcó su gusto y habilidad por las preparaciones culinarias. Su adolescencia la pasó en Bogotá en una casa de familia que recuerda como una de sus mejores épocas. Fue tanta la cercanía con los “hijos de los patrones” que para ese momento tenían su misma edad, que todavía siguen en contacto.  

Luego de varios ires y venires, finalmente se radica en Cali, donde permaneció por 33 años. Trabajó en las casas de varias familias reconocidas e influyentes del Valle del Cauca, quienes velaban para que pudiera continuar sus estudios los fines de semana. “Todos los domingos iba al colegio María Auxiliadora, me encontraba con mis amigas y logré hacer hasta 5 de primaria”.

En la década de los 90´s, una época compleja de violencia en el país, su novio, trabajador del Puerto de Buenaventura fue desaparecido, fue entonces cuando acude a la señora Yaneth Ortega donde ella realizaba su labor doméstica y la recibe en su casa, con su hijo Santiago. 

Años más tarde llegó el momento de hacer realidad su sueño y montó el negocio que quería, El rincón de Santiago. “La fritanga me dio muy buenos resultados, teníamos muchos pedidos, hasta domicilios hacíamos y la pude librar, pero como soy de decisiones muy drásticas y era en sociedad con un amigo, un día me levanté y lo repartimos todo”, cuenta Ceferina.

Meses más tarde su madre enfermó, así que vendió todo lo que había conseguido y regresó a Quibdó. Para no tener su mente quieta y obtener ingresos, montó un restaurante y empezó a darle forma a un nuevo proyecto: Una casa con dos locales. Esta fue una época que le dejó tristes recuerdos, además del fallecimiento de su madre, invirtió sus ahorros, e incluso tuvo que hacer préstamos para terminar la construcción, “Además, el negocio no me dio, y me quebré.”

En ese momento Ceferina recordó todo lo que había aprendido desde su infancia, y dijo “es hora de hacer lo que mejor sé hacer”. Así fue como llamó a la señora Yaneth, que gracias a su buen desempeño la conectó con su hermana Martha Ortega en Medellín.

De esos sucesos hace ya 4 años. Logró salvar su casa de Quibdó, su hijo Santiago obtuvo una beca y se gradúa este año como Contador Público en la Universidad Tecnológica de Quibdó, y de estar como empleada interna, pasó a trabajar por días.

Hoy agradece a cada uno las personas que ha conocido, a sus empleadores con quienes ha podido tener una excelente relación y ha contado con todo su apoyo y respaldo.  “La gente me toma mucho cariño. Soy muy callada, no opino en las cosas de los patrones. Cuando tuve empleadas les decía que había que ponerle el corazón a todo porque de eso depende que a uno le vaya bien. Yo les exigía, así que lo aplico para mí y hago las cosas bien”, filosofía de vida que le ha permitido alcanzar sus sueños.

Ceferina que nunca ha parado de trabajar, siempre tiene un proyecto en mente o en ejecución, está planeando hacer el segundo piso a una casa que hizo en el barrio Manrique en Medellín y que tiene alquilada. Al tiempo que no abandona su sueño de tener de nuevo un restaurante o, crecer su negocio de pollos y comidas que realiza hoy en día en su casa.

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