Fundación Bien Humano

Fundación Bien Humano

Nosotras como trabajadoras del hogar tenemos los mismos derechos

Elizabeth llegó a Medellín hace 20 años procedente de su pueblo natal: Nuquí, uno de esos paraísos escondidos del Chocó, que tuvo que dejar debido a los enfrentamientos de los grupos armados ilegales en los cuales se vio amenazada su vida y la de su familia.

Durante este tiempo ha trabajado con un grupo amplio de personas y familias en la labor doméstica acumulando un sinnúmero de experiencias, historias que le han permitido aprender y entender, como ella misma lo dice que “si desde que llegué a Medellín hubiera tenido un empleo como el de hoy, con la seguridad social en una EPS, las cosas hubieran sido muy distintas para mis seis hijos y seguro que yo me pensionaría”.

Para llegar a tener el tipo de contrato que hoy tiene, hace tres años Elizabeth buscó ayuda, se informó mejor, se asesoró. Todo comenzó a cambiar.

De las primeras acciones que implementó es que cada que empieza un trabajo nuevo anota en un cuaderno la fecha exacta de ingreso, los días en los que realiza su labor, el valor que recibe de pago y los nombres completos de sus empleadores.

En una de las familias con la que trabajaba por esos días, llegó el momento en el que no requerían más de sus servicios, así que solicitó la liquidación por el total de días que había laborado durante el año y medio que estuvo allí, pero los argumentos de su empleadora fueron “que no le debía nada de dinero, porque a ella le pagaban por días y allí iba incluido todo, hasta la liquidación”.

Sin duda, la señora tenía todo el desconocimiento y estaba cometiendo un error porque las empleadas domésticas por días o internas, al igual que cualquier otro trabajador en el país, tienen derecho a la prima de servicios, las cesantías, los intereses a las cesantías, las vacaciones y a una liquidación, como lo establece la Ley 1788 de 2016, con la que se buscó la reivindicación sobre su protección laboral.

Así fue como Elizabeth acudió a los abogados de la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico (UTRASD), “les comenté el caso, les di las fechas exactas de mi trabajo y me hicieron la liquidación. Se la envié a la señora por el whatsapp. Ella no aceptó, así que contrató un abogado, me hizo una propuesta muchísimo más baja a la que yo tenía derecho. No la acepté y les dije que iba a poner una demanda”.

Con la demanda interpuesta, llegó el día de la conciliación en la Oficina de Trabajo en Medellín. Allí se reunieron los abogados de ambas partes, se expusieron los argumentos, y finalmente la contraparte tuvo que aceptar que Elizabeth merecía la liquidación completa.

“Después de esto aprendí a solicitar la liquidación a UTRASD, porque muchas personas no la saben hacer y por eso me liquidaban por menor valor”. Ahora quiere contarles su historia a muchas personas, entre ellas una de sus vecinas que es explotada y maltratada por sus empleadores, pues como lo evidencia Elizabeth, de manera respetuosa y justa, sí se pueden hacer valer los derechos.

Como Elizabeth, un grupo significativo de mujeres en Colombia se han beneficiado del acompañamiento y formación bridada gracias al programa de Inclusión para la Paz de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) implementado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el cual, entre múltiples propósitos, promueve la dignidad de las poblaciones vulnerables, la generación de capacidades y la promoción del trabajo en condiciones más dignas. Algo que la protagonista de esta historia ha convertido en una consigna de su vida.

COMPARTE EN:

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest