Fundación Bien Humano

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La familia y la pareja

En nuestro medio tanto social como cultural, es muy común creer y considerar, inclusive con mucha convicción, que cuando se habla y se piensa acerca de la familia y de la pareja, es lo mismo, y que la una, es decir, la familia entendida como un espacio básico de convivencia para el desarrollo de sus integrantes, contiene la otra (la pareja) sin mayor distinción. No es así; de tal manera que el propósito de este escrito es identificar las diferencias entre la una y la otra y algunas de las consecuencias cuando se considera a la pareja como parte de la familia, en otras palabras, se cree que en la familia, la pareja logra satisfacer las necesidades propias de la misma.


Entender la familia como un espacio primario y básico de convivencia implica que el mismo lo constituye la presencia de más de una persona, quienes se ubican en lugares diferentes, según la función, la generación que les corresponde, y están vinculados tanto por lazos de sangre, como por lazos legales, lo cual genera los parentescos y la afinidad; y con mínimo un propósito interno y otro externo. El propósito interno de ese espacio denominado familia supone el desarrollo y la realización de sus integrantes, según edad, sexo, género y generación; el propósito externo se relaciona con la continuidad de la especie humana y la formación de un espacio mayor: la sociedad, la cual la contiene y establecen entre ambas una mutua influencia, que las afecta tanto positiva como negativamente dependiendo de la calidad de esa mutua influencia, entre otras condiciones.


Entender la pareja como tal, implica la presencia exclusiva de dos personas que requieren de otro lugar emocional, diferente al espacio de la familia, el cual constituye una estructura de relaciones entre dos generaciones, la de los padres y la de los hijos(as) o más generaciones, si allí están los abuelos, tíos (as) u otras generaciones, lo cual depende de la organización de cada familia, conocida más comúnmente como tipología familiar. La pareja en cambio está constituida por una sola generación, la de sus dos integrantes los cuales pueden ser o no de la misma edad o del mismo sexo. En la familia además de presentarse dos generaciones, o más, hay una amplia diversidad de edades de sexos y de género. Se preguntarán ¿acaso los padres no son también la pareja? Acá está el punto, y respondo: SI Y NO. Cuando respondo SI, me refiero a que efectivamente son las mismas personas, pero con diferentes funciones, necesidades, expectativas y compromisos, en cada uno de los espacios en mención (la familia y la pareja. La respuesta del NO, se refiere a que una situación es desempeñarse como padres y otra muy distinta ser pareja (esposos, compañeros), por tanto, requieren de espacios y conversaciones distintas, para que puedan lograr los propósitos que desean y fluir en ambos espacios satisfactoriamente, lo cual se amplía a continuación. 


Los espacios distintos a que se hace referencia tienen que ver, en primer lugar, en cuanto al espacio de la familia, con lo siguiente: si bien la familia se inicia por lo general con la pareja, cuando ésta decide tener hijos está creando un nuevo proyecto de vida llamado FAMILIA, lo cual no significa dejar de lado o reemplazar el proyecto de pareja que ya tiene y le pertenece. El nuevo proyecto le trae a aquella desafíos y retos que antes no tenía y le implica desde la gestación, entre otros requerimientos, dedicación, cuidados, afectos, compromisos, deberes, derechos, los que a su vez va configurando ese espacio centrado en la función parental que los ubica en el lugar de padre y madre a cargo de una nueva generación la de los hijos e hijas. Esta inicial configuración en algunos casos se mantiene y en otros no, lo cual tiene que ver con la forma de organización familiar conocidas como las distintas tipologías que adoptan las familias en el tiempo por muy diversos factores, los cuales no se abordan en este escrito. Retomando la pareja en mención, puede decirse que ya tiene dos proyectos, ambos muy importantes en la vida de sus integrantes, por tanto, necesitan de un ámbito propio para que crezcan y se mantengan con base en el amor, los cuidados, la satisfacción de las respectivas necesidades para el logro de sus deseos y propósitos tanto como padres y como pareja.


En segundo lugar, en cuanto al espacio de LA PAREJA, conformada por las dos personas que decidieron iniciar un proyecto conjunto de vida, con o sin ritual, según la cultura y la creencia de quienes la conforman. Puede señalarse entre otros aspectos, lo frecuente que resulta como la pareja sin darse suficiente cuenta, sacrifique su proyecto de vida en pareja y se dedique solo a ser padre y madre olvidando que también son esposos o compañeros de vida dejando poco a poco vacío el espacio de la pareja. Más adelante, en unos casos más rápido, en otros casos más tarde, ese “abandono de la pareja” se manifestará por medio de quejas de desamor, de preferencias, de peleas, de desencuentros o, lo que es más doloroso y difícil para la mima pareja, puede manifestarse en casos como la infidelidad; éstas manifestaciones en muchas ocasiones terminan con la ruptura de la relación y consecuentemente con la separación o divorcio. Ese espacio al quedar vacío de cuidados, de atención necesaria, se llena por tanto de insatisfacción y crea importante distancia entre sus integrantes, los cuales continúan siendo padres y a veces muy exitosos como tales, pero los costos del espacio vacío los carga la pareja, cuya relación se construye día a día y mutuamente. 


Como ya se anotó la pareja puede ser uno de los puntos de partida de la familia. Hay momentos de mayor conexión y más separación por medio del ciclo vital o curso de vida familiar. Como punto de partida aquella pareja constituye una unidad o espacio básico, con un mundo propio para iniciar una relación o vínculo, por ejemplo la relación de familia con la decisión de tener o no hijos(as) y continuar solo como pareja, pudiendo decidir que su relación continúe o se acabe, pero no pueden renunciar a ser padres, cuando ya lo son, aunque se transforme el tipo inicial de familia que configuraron al principio de la relación o vínculo. De tal manera que, cuando el progresivo deterioro de la relación de una pareja termina con la separación o el divorcio, y si hay hijos(as) es decir también familia, no significa el fin de ésta, en tanto quienes se separan o divorcian solo son los integrantes de la pareja, no los padres de dicha familia, éstos continuarán en el ejercicio de sus funciones parentales bajo otra forma de organización, siendo uno de los factores de cambio de tipología, así por ejemplo, si la tipología era nuclear (padres-hjios(as) se transformará en tipología monoparental femenina y masculina; en caso de que uno de ellos o inclusive ambos integrantes de la pareja que se separa y que posteriormente contraigan nuevas nupcias conformarán otros tipos de organización conocidas como familias simultáneas( co-existencia de dos familias: una que ya existía y otra que recién se forma) denominada también como familias poligenéticas (los tuyos, los míos y los nuestros).
Después de describir algunas características generales que diferencian ambos espacios, el de la familia y el de la pareja, quisiera referirme a otros más específicos propios de la misma cotidianidad como la comunicación, el diálogo o las conversaciones y la diaria interacción. Cuando estamos con nuestros hijos(as), o hablando sobre ellos, y todo lo que les sucede estamos siendo padres. Cuando estamos compartiendo con el otro y disfrutando solo los dos, entonces, estamos siendo pareja. ¿Les parece esto muy extraño o muy extremo? ¿Por qué hablamos de esta manera? Veamos:

En un grupo de amigos o de amigas, por ejemplo, se presentan emociones, acciones y en especial conversaciones que le son propios a ese grupo de amigos o amigas y esas emociones, acciones y conversaciones, serán diferentes al que tengan estas mismas personas en su mundo laboral. Lo mismo ocurre entre la familia y la pareja.

Vivir en pareja genera un mundo de interacciones que solo se puede dar en este tipo de convivencia. Estar en familia implica, también, otro mundo de interacciones que ocurren entre los integrantes de la familia. La pareja por el hecho de ser dos tiene ciertas características que desaparecen si a esos dos le incluimos una tercera o cuarta persona. De alguna manera todos hemos experimentado que una conversación con otra persona cercana cambia cuando participan, además, una, dos, tres o más de las mismas. Esa conversación es distinta pues pasa a ser de otro tipo

Todo lo que una pareja espera de su relación: amor, pasión, complicidad, intenso compañerismo, placer, intimidad, únicamente es posible desde un espacio protegido de intromisiones de terceros. Lo que la pareja quiere o desea , sus objetivos, sus funciones, expectativas y sus necesidades solo se pueden cumplir desde la intimidad, que también es particular, porque es entre dos adultos iguales en el sentido de las oportunidades y los derechos. También es válido señalar que cada pareja es diferente. No se puede comparar ni con las que hayan conformado en el pasado con otras personas, ni con las parejas amigas, ni tampoco con la pareja conformada por los padres y madres.

La familia en cambio, como ya se señaló, es un grupo especial compuesta mínimo por dos generaciones la de los padres y la de los hijos; hay familias en donde además están la generación de los abuelos. En tal caso es posible que los abuelos formen parte de la generación parental y está también la generación filial, la de los hijos/as que también se conoce como generación fraternal aludiendo a ellos como hermanos/as. En este caso el clima emocional, es decir, los sentimientos, las emociones, las acciones y las conversaciones entre los adultos giran alrededor de la crianza, la educación, la formación y el desarrollo de los hijos. De ahí que, con base en lo anteriormente descrito, vale la pena recordar que no toda forma de convivencia humana, así sea constante, puede denominarse familia.

Una parte de los lazos voluntarios de la pareja comienzan a transformarse en ellos, con la llegada de los hijos(as) se inicia un cambio en la relación, los vínculos y la convivencia. La pareja pierde algo de su espacio para ganar espacio con los hijos e hijas. La pareja entonces, pierde algo de su propio espacio para ganar también algo en el espacio de la familia. Por esto se puede y es necesario ver la relación de pareja como una unidad separada de la familia la cual además, implica conexión con las generaciones anteriores y con los que van a seguir o descendientes.

La característica esencial de las familias es la construcción de relaciones y vínculos La única de estas relaciones o vínculos a las que se entra por libre elección es la pareja. Las demás relaciones, por ejemplo, las que se dan entre padres y madres, hijos(as) hijas, hermanos(as, no son de libre elección porque nadie escoge la familia donde se nace.

Las conversaciones de la generación parental, como responsables de los hijos(as) crean un ambiente característico y singular que tiene que ver con sus responsabilidades de cómo cuidar, de cómo proteger, de cómo educar a aquellos, de cómo resolver los problemas de la vida cotidiana. Cuando conversamos en familia no es posible para la pareja estar al mismo tiempo en un espacio de intimidad. La conversación de padres es propia de una relación de padres y está siempre en medio la presencia de los hijos. Con esto se quiere decir que si la familia requiere de un espacio propio, lo cual es indispensable, la pareja de esposo-esposa o marido-mujer o compañero-compañera, necesita también un espacio propio distinto al familiar, igualmente imprescindible y beneficiosos para ellos como personas y para la unidad y la convivencia familiar.

En resumen y para finalizar vale la pena enfatizar que la familia como institución o como un grupo especial y básico para la convivencia satisfactoria de las personas; debe ser protegida por la sociedad y la cultura, lo cual es muy importante y es el fin de una buena política pública de Estado; sin embargo no necesariamente pasa lo mismo con la pareja como tal, quedándole a la misma su propia protección, es decir, son los padres quienes logran el mayor protagonismo como responsables de la familia, lo cual tiene mucho sentido, pero la pareja queda desdibujada en su propio espacio y esto la ubica por lo general en un segundo plano, que poco o nada le ayuda para su realización y mantenimiento. La diferenciación entre la una y la otra se puede constituir como una alerta preventiva para la protección y el mantenimiento satisfactorio tanto de la familia como de la pareja. De tal manera que el vivir en pareja surge en la experiencia de vivir solos en pareja, no en el vivir dentro de la familia. La familia puede estar constituida por muchas personas, en cambio, la pareja solo por dos. Lo que se espera respecto al otro en cuanto a marido o en cuanto a mujer, compañero o compañera, no se satisface solamente por la experiencia de ser padres y por el ejercicio de la paternidad y la maternidad. Sino por la construcción de ese espacio ya señalado que contenga nada más que a esas dos personas que forman la pareja; la cual puede lograr una relación satisfactoria y exitosa dependiendo de qué tan claro tienen las personas de la pareja la coexistencia de sus dos proyectos de vida igualmente importantes, aunque distintos los espacios, o lugares emocionales, para su bienestar y su felicidad.

Las ideas aquí desarrolladas se tomaron de: López O.L. Módulo ciclo vital familiar
“Construyendo con las Familias”. Fundación Bienhumano

Por: Olga Lucía López Jaramillo
Terapeuta de Familia y Pareja

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