Fundación Bien Humano

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Entre género y unos zapatos viejos.

Pensar en las palabras, modismos, frases de nuestra tradición es, al mismo tiempo, pensar en nosotros mismos. ¿Acaso no crecimos todos cobijados por refranes, palabras inventadas, chistes y, a veces, alguna que otra cantaleta que nos ganábamos en casa?  Así fuimos entendiendo la mecánica del mundo, a nombrarlo, narrarlo e ir encontrando lugar en él.

La pregunta por el ser hombre o mujer es un ejemplo de ello. Cuando pensamos estas nociones podríamos enumerar una serie de virtudes, características, definiciones, quehaceres e incluso colores y hasta cortes de cabello que fuimos adjudicando desde la cultura a lo que significa masculino o femenino. Suena a un ejercicio sencillo, donde cada noción encaja con un deber ser; no obstante, estamos asistiendo al proceso de redefinición de lo que es ser un hombre o una mujer en el siglo XXI.

El feminismo, movimiento que está “de moda” y cada vez más presente en nuestro día a día, como en las universidades y espacios de trabajo, es sobre todo una reflexión por aquellos lugares y condiciones que se le han dado a ambos géneros en la cultura. Por un lado, a razón de situaciones de inequidad entre hombres y mujeres, quejas sobre las consecuencias que ha tenido la forma como consideramos que debe comportarse, actuar, sentir el uno o el otro y, por ende, situaciones de menosprecio, discriminación o injusticia en diferentes ámbitos de la vida.

Los refranes son una de las expresiones que más fácil pueden ejemplificar lo que se considera en una cultura como aceptable desde el sentido común, una especie de rima simpática que carga una enseñanza y se replica de generación en generación. En el tema del género, corre la voz entre nosotros de algunos muy interesantes: “la mujer en la cocina y el hombre en la cantina”, “mujer que no jode, es macho”, “quien no tiene más, con su mujer se acuesta”, “hombre en la cocina, huele a rila de gallina.”

Crecimos escuchándolos y tal vez sería bueno preguntarnos qué tanto replicamos los comportamientos que ellos incitan, por dar un ejemplo, ¿qué tanto los hombres de nuestros hogares realizan labores domésticas, en específico, las de la cocina o será que se considera de la misma forma la infidelidad de una mujer a la de un hombre?

Todas estas son preguntas que pertenecen a las reflexiones del feminismo. Habiendo dicho ello, queremos establecer dos puntos.

El primero se trata de que, como su nombre lo indica, ha sido fundado y fundamentado por mujeres, dadas aquellas situaciones de desigualdad que hemos mencionado, entendiendo que parten del reclamo de las mujeres por sentirse menospreciadas, silenciadas e incluso violentadas en diversos campos de la sociedad. –

El segundo punto es que debemos entender, tanto hombres como mujeres, que dicho reclamo es más una denuncia social, un alegato contra la cultura patriarcal, los comportamientos machistas y las ideas de nuestra sociedad que nos han llevado a las situaciones de inequidad.

Estas ideas, si el lector ha seguido el hilo de nuestro argumento, han sido construidas y replicadas por todos y todas, e incluso también los hombres han sido víctimas de los patrones y tradiciones culturales sobre el género. La fuerte presión por el sostenimiento económico del hogar es uno de estos asuntos, o el típico “los hombres no lloran” que ha despojado a muchos de la posibilidad de expresar, sentir y tramitar el dolor, asunto tan humano como importante para la sana construcción de relaciones y vínculos.

En definitiva, podríamos deducir que una mujer feminista o un hombre objetor del patriarcado es aquella o aquel que cuestiona, reta, duda de los cánones culturales naturalizados que determinaron nuestra educación; una mujer o un hombre al que “le pica”, le incomodan esos permisos, prohibiciones, juzgamientos y presiones con las que crecimos.

Tal como aquellos tenis de colores, los mugrosos favoritos de cuando jugábamos de niños y niñas en la calle, y que en algún punto tuvimos que dejar de lado, estos moldes de lo femenino y masculino se han quedado pequeños para las nuevas generaciones. Hoy, con los pies magullados, reclaman a la sociedad un nuevo sentido común que calce mejor con las aspiraciones de las mujeres y hombres de este siglo, definiciones novedosas de los géneros a razón de una paridad social, y no tanto de una guerra por la supremacía de un sexo sobre otros.

 

 

 

Escrito por :
Sofía Jaramillo y Mónica Sandoval
Fundación Bien Humano

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