Fundación Bien Humano

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El cambio social se vive en familia

Los derechos humanos ahora parte de nuestra cotidianidad –de los cuales gozamos todos y todas y que de alguna manera permiten el desarrollo de nuestras capacidades–, están construidos a partir de las luchas y conquistas de los grupos poblacionales históricamente excluidos que han buscado llevar una vida digna en un país que se desarrolla cada vez más a espaldas de la población, recrudeciendo las brechas y la indignación durante años en uno de los países más desiguales del mundo.

Estas pugnas sociales en busca del mejoramiento de las condiciones de vida y la dignidad ponen en evidencia las dinámicas sociales de poder, exclusión y desigualdad que afectan diferentes contextos, entre ellos a las familias vulnerables.

Tal como hemos visto las últimas semanas, han sido en su mayoría los jóvenes que toman una posición crítica sobre el manejo del poder, pero también hemos visto que se han unido familias de diferentes orígenes, contextos, historias y condiciones económicas. Ellos y ellas se manifiestan porque en Colombia estudiar, tener un plato de comida tres veces al día y tener una garantía mínima para la salud se volvió un privilegio de pocos y donde conseguir un trabajo digno es correr con suerte.

Este estallido social ha tenido forma gracias a los nuevos actores que se articulan a las movilizaciones: las familias, el abuelo y la abuela, las madres y los padres, los hermanos y hermanas que muestran otras voces y otros puntos de vista que nutren el paro.

Estos debates los hemos puesto en las mesas de nuestras familias los jóvenes, haciendo un llamado a la escucha del por qué hay un pensamiento diferente frente a la realidad y la manera de exigir mejores condiciones de vida, nos hemos tomado los espacios para explicar los cambios que soñamos, el lugar y obligación del Estado en torno al bienestar de la población ofreciendo garantías y oportunidades que nuestros padres y abuelos seguramente no tuvieron.

Hemos caído en la cuenta de que hay mucho -y muy poco- que perder por el imperante recrudecimiento de las pobrezas en nuestras familias, que hemos aguantado de una manera desgarradora. Entender que hay familias que no saben cómo se van a alimentar las próximas semanas, hay estudiantes que ponen en la balanza el trabajo o el estudio, jóvenes sin la oportunidad de desarrollarse como personas, hay personas esperando meses una atención en salud. Realidades que muestran que los derechos de las personas y de las familias están establecidos por las leyes, pero no se hacen efectivos.

Nosotros tenemos la oportunidad de dialogar, interpelar las formas de construir sociedad desde los huesos con nuestras familias, reconstruir los semblantes y las conformidades de algunos y algunas heredadas de nuestra historia, y finalmente, construir esperanzas y mayores razones para salir a las calles y reclamar por un futuro diferente en el que no se ignoren las expresiones de los nuevos pensamientos y esperanzas de los colombianos que todos los días nos enfrentamos a la deslegitimación y desconocimiento de la acción colectiva por parte de sectores de la sociedad, de políticos y representantes del poder, a lo que se suma la represión policial.  

Finalmente, estamos en un escenario de cambio social que se refleja en los diálogos cotidianos en la familia donde se construyen dinámicas de supervivencia como las ollas comunitarias y los espacios de educación política para la resistencia, las madres y los padres marchan junto a sus hijos e hijas, así como los y las abuelas se han ido uniendo al paro creando espacios instituyentes para un país más justo en el que se garanticen y se restituyan los derechos vulnerados, un país con una población y unas familias  cada vez es más resistentes, con pensamiento crítico y diverso.

 

Ana María Salgado
Profesional del Trabajo Social-Gestión Social
de la Fundación Bien Humano

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