Proyecto Trabajadoras Domésticas Afrocolombianas

El programa Inclusión para la Paz de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) implementado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), La Fundación Bien Humano y UTRASD presentan historias de vida de mujeres trabajadoras domésticas que con sus experiencias han reivindicado sus derechos laborales y sociales y dan valor a cada una de las actividades que prestan en los lugares de trabajo.

Estos relatos dan cuenta de las acciones realizadas en el proyecto Trabajadoras Domésticas Afrocolombianas, protagonistas de sus derechos y agentes de cambio.

Emilse: cara alegre del trabajo doméstico

Emilse Moreno Ramírez no tiene el rostro de una abuela, pero si el carisma. Apostar por cuál es su edad, sería casi, una pérdida segura. Sus rasgos juveniles son imposibles de omitir, tanto como el color en cada una de sus prendas ¡todo en ella es alegría!. A sus 42 años cuenta la historia que a muchos les tomaría toda una vida. Una trabajadora doméstica que cimenta su vida en el valor de la palabra, pues siempre ha hecho valer sus derechos.

Pensionarse como trabajadora doméstica, sí es posible

Floralba Moreno, conocida popularmente como “La Negra” o ´Flor´ es una persona excepcional. Lo es por su personalidad, su sonrisa e incluso su historia, que en sí misma se configura en un acto de resiliencia, pero quizás lo más extraordinario es algo que ni siquiera ella misma contempla: ‘Flor’ tiene 57 años y una altísima probabilidad de pensionarse.

Elvia tiene dos hogares

Elvia Moreno trabaja desde los 14 años en labores del servicio doméstico. Como ella misma lo dice, sabe hacer muy bien su oficio, pues gracias a ello ha podido permanecer sin problema alguno durante casi tres décadas en los diversos hogares donde ha prestado sus servicios. En su pueblo natal, el Alto Baudó (Chocó), Elvia hizo hasta cuarto de primaria, pero pronto tuvo que emigrar. Llegó a Medellín a sus 19 años, y logró ubicarse como empleada interna en casas de familia.

Alba: un camino insospechado al hogar

Alba Gamarra nació hace 35 años en el municipio de Magangué, el segundo más importante del departamento de Bolívar, conocido popularmente como la ciudad de los ríos, pues allí dos de los afluentes más importantes de Colombia, el Cauca y el San Jorge, desembocan en el río Magdalena, previo a su encuentro con la inmensidad del océano Atlántico. Una suerte de puerto, acogedor y cálido desde todo punto de vista, que nunca ha dejado de ser su hogar, a pesar de que tuvo que migrar de allí hace veinte años empujada por las necesidades que imponen la sumatoria de pobreza y violencia.

La demanda que salvó dos vidas

“Hay una pregunta que por el resto de mi vida me haré y le haré a cualquier persona que desee emplearme ¿si yo entrego mi tiempo y mi vida para cuidar su hogar, por qué algunos empleadores no nos cuidan?”. Un interrogante que dicho de otra manera se ha convertido en un principio de vida para Marcela Gutiérrez, una chocoana de 36 años y que hace 15 vive en Bogotá.

La dignidad del trabajo doméstico

María Guarín Valencia tenía una vida campesina tranquila entre cafetales y fincas, hasta que en 1999 la confrontación entre guerrillas y el Estado la obligó a abandonar su natal municipio de San Carlos (Antioquia). Muertes, desapariciones, enfrentamientos a cualquier hora del día, intimidaciones y toda forma de laceraciones y traumas cercando su comunidad fueron suficientes motivos para decidir huir. De allí salió con sus dos hijas, los pocos enseres que pudo cargar y una lección que llevaría consigo para toda la vida: la violencia no soluciona nada.

Ceferina, una mujer que nunca para de soñar

Ceferina Murillo Mena nació en Riosucio, Chocó hace 60 años, con un espíritu luchador y lleno de gran optimismo, nunca pensó que aquellas labores que realizaba en su infancia con su mamá, en su casa, serían las mismas que años más tarde y durante toda su vida le permitirían alcanzar muchos de sus sueños. Empezó a trabajar desde que tenía 12 años en un negocio de fritangas que le marcó su gusto y habilidad por las preparaciones culinarias. Su adolescencia la pasó en Bogotá en una casa de familia que recuerda como una de sus mejores épocas.

La María que derrotó a Goliat

Son las 7:10 a.m. y María se encuentra frente a la puerta de la casa donde presta sus servicios como empleada doméstica en la Comuna El Poblado de Medellín. Su hora de ingreso es a las 7:30 a.m. pero tiene muy claro que debe llegar con antelación para proceder con lo que ya se ha vuelto casi un ritual: cambiarse de ropa y quitarse los zapatos. Una vez hecho, ahora si puede entrar a la vivienda, descalza, porque allí no se le permite acceder con ninguna prenda propia.

Nosotras como trabajadoras del hogar

Elizabeth llegó a Medellín hace 20 años procedente de su pueblo natal: Nuquí, uno de esos paraísos escondidos del Chocó, que tuvo que dejar debido a los enfrentamientos de los grupos armados ilegales en los cuales se vio amenazada su vida y la de su familia. Durante este tiempo ha trabajado con un grupo amplio de personas y familias en la labor doméstica acumulando un sinnúmero de experiencias, historias que le han permitido aprender y entender, como ella misma lo dice que “si desde que llegué a Medellín hubiera tenido un empleo como el de hoy, con la seguridad social en una EPS, las cosas hubieran sido muy distintas para mis seis hijos y seguro que yo me pensionaría”.

UTRASD, una agremiación que vela por la reivindicación de los derechos de las trabajadoras domésticas del país

La Unión Afrocolombiana de Trabajadoras Domésticas (UTRASD) es una organización sindical de mujeres trabajadoras domésticas, en su mayoría afrodescendientes, que actúa en todo el territorio colombiano para promover ante empleadores, gobiernos y la sociedad, la formalización del trabajo doméstico a través del reconocimiento de condiciones de trabajo digno y decente, y el respeto a los derechos laborales para todas las trabajadoras domésticas del país.